"En Francia, al contrario que en Inglaterra, el conflicto entre los intereses de antiguo régimen y la ascensión de las nuevas fuerzas sociales era peligrosamente agudo. Una monarquía absoluta, como la de Luis XVI, no aceptaría pequeñas dosis reformistas como las propuestas de Turgot. Hacía falta un gran cambio. La monarquía absoluta, no obstante, introdujo, por iniciativa propia a una serie de financieros y administrativos en la alta aristocracia, quienes fundían los descontentos de nobles y burgueses en los tribunales.
La nobleza se granjeó numerosos enemigos: no solo ocupaba los puestos más importantes del Estado, sino que tenía una creciente inclinación a apoderarse de la administración central y provincial. La mayoría de la gente eran gentes pobres o con recursos insuficientes, deficiencia ésta aumentada por el atraso técnico reinante. La miseria general se intensificaba por el aumento de la población. Diezmos y gabelas también contribuían a ello."
Eric Hobsbawn.

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